La ciudad califal de Medina Azahara, destinada a competir con la propia Córdoba, respondía a un diseño aterrazado (Manzano Moreno, 2024), cuyo espacio se distribuía en tres niveles o terrazas que correspondían a funciones diferenciadas.
El nivel superior estaba destinado a la residencia palaciega, sede del poder califal, con sectores vinculados a la administración y al protocolo del estado califal. Existía también una terraza intermedia con distintas construcciones oficiales, incluyendo las principales zonas ajardinadas; finalmente, una terraza inferior, que constituía la medina propiamente dicha (Castejón y Martínez de Arizala, 1976; Martínez Enamorado, 2001).