Una de las funciones para los que podía servir el Bote de Zamora, más allá de su preciado valor como presente oficial y por su belleza estética, era la de contenedor de perfumes exóticos.
Fragancias y perfumes andalusíes
Los perfumes, aromas o esencias especiales eran un signo de distinción social en al-Andalus, solo al alcance de notables y privilegiados, pues solían tener un alto valor económico debido a su singularidad y dificultad para obtener la materia prima con la que se elaboraban, que se importaba de Oriente.
En el al-Andalus, el arte de utilizar sustancias aromáticas se desarrolló desde los puntos de vista estético, sensual y medicinal. Se consideraba que estas esencias eran un estímulo sensorial y tonificaban el cerebro, siendo beneficiosas para la salud y muy apreciadas por la población andalusí de todas las clases sociales (Silva Santa-Cruz, 2013).
Muchos de estos compuestos cosméticos y terapéuticos, como bálsamos, ungüentos, lociones y colonias, se preparaban en las farmacias, la más célebre de las cuales era la farmacia (Jizanat al-adwiya) de Medina Azahara (Holob, 1992). Aunque también existían perfumistas que trabajaban para clases más modestas, en plena calle, donde preparaban un perfume o una loción, a la vista del cliente (Greus, 1988).
Las personas importantes, cercanas al poder, tanto hombres como mujeres, utilizaban perfumes en pulverizadores y desodorantes, frecuentemente después del baño.
Les gustaban los perfumes orientales, dulces y espesos, como el ámbar gris y el ámbar natural desmenuzados, así como la algalia, los aceites perfumados, esencias de flores, como rosas y violetas, y esencias de limón y de sándalo (Greus, 1988).
Las mujeres distinguidas, dedicaban gran parte de su tiempo al aseo de su persona y tenían en sus habitaciones tocadores con recipientes y estuches que contenían diferentes perfumes, además de cepillos, peines de marfil, alheña para pintarse las uñas y goma de mascar perfumada para el aliento (Greus, 1988).
La ropa, salones y estancias también se perfumaban, esparciendo sobre ellas los olores de esas fragancias tan cotizadas. Igualmente se utilizaban velas aromáticas para ocasiones especiales y se quemaba regularmente incienso. Eran muy usuales enseres como los pebeteros para quemar perfumes, los incensarios para quemar incienso y los esencieros, frascos de pequeñas dimensiones, de fácil transporte y manejo, destinados a conservar esencias líquidas (Girona Calvé, 2022). Sin olvidar los objetos suntuosos de eboraria, píxides, arquetas y otros marfiles lujosos, que también podían ser usados para contener perfumes.
Las principales bases para muchos de estos preparados aromáticos eran el ámbar, el almizcle y el alcanfor, que procedían de tierras muy lejanas y debían pasar largos periplos antes de alcanzar su lugar de destino (Holob, 1992; Girona Calvé, 2022), lo que hacía que se importaran a precios muy elevados y se consideraran como lujosos regalos, comparables con grandes cantidades de oro, plata o seda (Holob, 1992).
El almizcle, esencia de procedencia animal, lo usaban en forma de esencia líquida o de piedra blanca, que guardaban en un saquito y lo colgaban del cuello bajo la ropa (Greus, 1988). El alcanfor, una esencia vegetal, se utilizaba para la preparación de perfumes con base de polvos de musgo y aceite de sándalo, acompañado de agua de manzana o mezclándose con agua de rosas, siendo también habitual encontrarlo como un componente básico en la producción de medicinas (para los ojos, encías o como dentífrico) (Girona Calvé, 2022).
Bibliografía
― Holod, R. (1992). Artes suntuarias del período califal. En: Al-Andalus: las artes islámicas en España (pp. 41-48). The Metropolitan Museum of Art. El Viso.
― Greus, J. (1988). Así vivían en Al-Ándalus. Anaya.
― Girona Calvé, A. (2022). Los aromas y los perfumes en el Al-Ándalus: sus usos y contenedores. Ucoarte. Revista de Teoría e Historia del Arte, 11, 9-31.
― Silva Santa-Cruz, N. (2013). La eboraria andalusí: del Califato omeya a la Granada nazarí. Archaeopress.