El Bote en la Catedral de Zamora

Existe la teoría de que el rey zamorano, Fernando III, se cobró un suntuoso botín tras la conquista de Córdoba, que tuvo lugar en el año 1236. De entre las piezas requisadas figuraba un precioso marfil y otras cajitas de menor valor que el monarca habría entregado como regalo a la catedral de su tierra natal (Sadia, 2022). 

El Bote de Zamora fue fabricado durante el período Omeya, en el año 964, y posiblemente no llegó a Zamora hasta la toma de Córdoba. Aunque se sabe que la primera vez que aparece inventariado fue en el año 1367 (Martín Benito y Regueras Grande, 2003; Garín García, 2023), formando parte del tesoro de la Catedral de Zamora (Martín Benito y Regueras Grande, 2003). 

Cabe señalar que algo fabricado a mediados del siglo X fue considerado lo suficientemente valioso o bello para ser entregado a la catedral zamorana a mediados del siglo XIII o XIV y permanecer en ella durante siete siglos, hasta su adquisición por el Museo Arqueológico Nacional en 1911, tras una encendida polémica que llegó al Congreso de los Diputados (Garín García, 2023).

Como tantos tesoros de muchas iglesias hispánicas, estás joyas en eboraria, serían ofrecidas por reyes y señores como el más rico presente conseguido de los infieles, siendo reconvertidos en objetos sagrados (Martín Benito y Regueras Grande, 2003). 

Desde su entrega por el monarca castellano, el bote olvidará su cometido original y pasará a convertirse en un relicario.

Podemos deducir que, en esos momentos iniciales, se desconocía el significado del bote y no se había traducido la inscripción en escritura cúfica que aparece en la tapa. Por tanto, no se conocía que fue una dádiva destinada a la favorita del califa Subh, madre del futuro heredero Abd-al-Rahman, con el propósito de que pudiera ser usado como contenedor de joyas o perfumes. 

Es cierto que era necesario leer la inscripción del bote para saber que se trataba de un regalo galante y no de un objeto sagrado. En esos siglos XIII y XIV no era habitual que hubiera clérigos que supieran árabe y, sencillamente, los prelados zamoranos aceptaron el regalo por su belleza y le cambiaron su uso (Garín García, 2023).

Aunque la pieza quedó registrada y adscrita al tesoro catedralicio tuvieron que pasar siglos hasta que fuera descubierta, en el año 1904, por Manuel Gómez-Moreno y su esposa Elena Rodríguez-Bolívar en una de sus visitas a la catedral zamorana, con motivo de la redacción del volumen correspondiente a Zamora del Catálogo Monumental de España (Martín Benito y Regueras Grande, 2003). 

Bibliografía

―    Garín García, J.A. (2023). Historia irreverente del arte. De la caída del imperio romano de occidente al final de la Edad Medica. La Esfera de los libros.

―    Martín Benito, J.I. y Regueras Grande, F. (2003). El Bote de Zamora: historia y patrimonio. De Arte. Revista de Historia del Arte, 2, 203-224.

―    Sadia, J.M. (2022). El autoexpolio del patrimonio español. Cuando España malvendió su arte. Almuzara.

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