Hisham II “El califa niño”

A la muerte del califa al-Hakam II, su heredero y sucesor, Hisham II o Hixam II, ocupó el trono de los Omeyas. Hixam II, hijo al-Hakan II y su concubina Subh, nació en el año 965 en Córdoba, un año después de la fabricación del “Bote de Zamora” (Puerta Vílchez, 2013).

Hisham II tenía solo once años cuando murió su padre y, por primera vez en la historia del al-Ándalus, reinaba un niño.

Éste tuvo que delegar sus poderes en Al-Mushafi, su primer ministro o hayih de turno (Vallvé, 1992). El nombramiento de Hisham II llevó consigo grandes intrigas palaciegas y confabulaciones, motivadas por la controversia debida a su minoría de edad, dado que vulneraba la tradición islámica, pues se estipulaba que un califa debía ser adulto y capaz de ejercer su funciones religiosas y políticas. Su prematura sucesión suscitó una primera conspiración en contra de su designación; algunos detractores apoyaron como alternativa la propuesta de elevar al poder a su tío Al-Mughira, hermano menor de al-Hakam II. Sin embargo, no lo consiguieron, su madre Subh, viuda de al-Hakam II, el primer ministro Al-Mushafi, ayudados por Muhammad ibn Abi Amir, el Almanzor de las crónicas cristianas, defendieron los derechos del pequeño Hisham y lo proclamaron tercer califa omeya (Calvo Poyato, 2013; Collins, 2013). Al-Mughira será implacablemente eliminado por Almanzor, que se encargó personalmente de su asesinato (Guichard, 2015). Con el apoyo de Subh, la carrera de Almanzor fue meteórica. Ibn Hayyan, principal fuente de información del período, da a entender que eran 1 amantes y que ya mantenían relaciones en vida de al-Hakam II, durante la cual Almanzor pasó de simple redactor de memoriales a ser el administrador de los bienes del pequeño Hisham (Calvo Poyato, 2013).

Hisham II cuenta con un teórico mandato de 33 años (976-1009), pero el poder real y su persona será controlada por diferentes regentes (Valencia, 2011), desde su madre Subh, al visir Al-Mushafi y, fundamentalmente, Almanzor, que le utilizaron como una figura simbólica mientras consolidaban su poder.

Su reinado marcó el inicio del declive omeya en el al-Ándalus, ya que fue incapaz de ejercer un liderazgo digno de su abuelo, el califa Abderramán III, y de su padre al-Hakam II.

Bibliografía

―    Calvo Poyato, J. (2013). El califato de Córdoba (II). De Almanzor al hundimiento. Historia y vida, 543, 34-39.

―    Collins, R. (2013). Califas y reyes. España, 796-1031. Editorial Crítica.

―    Guichard, P. (2015). Esplendor y fragilidad de al-Andalus. Universidad de Granada.

―    Puerta Vílchez, J.M. (2013). La monumentalidad y el sentido artístico de Qurtuba. AWRAQ. Revista de análisis y pensamiento sobre el mundo árabe e islámico contemporáneo, 7, 43-80.

―    Vallvé, J. (1992). El califato de Córdoba. Fundación Mapfre.

―    Valencia, R. (2011). al-Andalus y su herencia. Los libros de la Catarata.


 

 

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