La denominada biblioteca de palacio o biblioteca real fue trasladada por Abderramán III desde la biblioteca del alcázar de Córdoba en la que había residido a la nueva ciudad de Medina Azahara en la que fijaría su residencia, una vez acabadas las obras de la residencia palatina del Príncipe de los Creyentes y de su alcázar (conocido como Dar al-Mulk o Casa del Poder).
Las bibliotecas de los Omeyas
El traslado de la biblioteca palatina a Medina Azahara coincidió con el emplazamiento en la nueva capital del califato de los edificios destinados a ser la sede del gobierno y de la administración, la ceca o fábrica en la que se acuñaba la moneda, así como el traslado allí del propio Abderramán III, acompañado de su familia, sus concubinas, el chambelán, los visires con sus departamentos de su gobierno, el gran imán de la mezquita aljama y su guardia personal.
Dicha biblioteca palatina fue dirigida por Talid al-Qurtubí y en ella trabajaron personalidades como Lubna de Córdoba y Fátima de Córdoba.
Talid al-Qurtubí, alto empleado palaciego, fue puesto al frente de la biblioteca palatina de Medina Azahara por Abderramán III (Torremocha Silva, 2023). Como bibliotecario jefe tuvo a su cargo la formación y custodia del índice y la guarda de los libros en los estantes (Ribera y Tarragó, 1925).
Lubna de Córdoba, fue una esclava cristiana manumitida, es decir, liberada de la esclavitud, en tiempos del califa Abderramán III. Aunque no se sabe con certeza en qué momento del siglo X nació, creció entre los muros de Medina Azahara y llegaría a convertirse en una intelectual, especializándose en gramática, caligrafía y métrica árabe. Ejerció múltiples funciones en la biblioteca palatina ubicada en Medina Azahara por Abderramán III, organizando la biblioteca y catalogando y clasificando sus fondos (Torremocha Silva, 2023).
Los hijos de Abderramán III, los príncipes Mohamed y al-Hakan, heredaron de su padre la afición por los libros y ambos lo emularon, llegando a competir por ver cuál de los dos llegaba a formar una biblioteca más escogida y numerosa.
A la muerte de Mohammed, heredó su biblioteca su hermano al-Hakan II, que llegaría a convertirse en al-Hakan II, quien, al morir su padre en 962, reuniría tres bibliotecas: la de palacio (en la que se conservaban los fondos atesorados por sus antepasados), la de su hermano Mohammed y la suya propia, convirtiéndose en el “bibliófilo más apasionado de la familia” (Ribera y Tarragó, 1925, p. 82).
El lugar que ocupaba entonces la biblioteca palatina en Medina Azahara era ya estrecho y, según recoge Ribera Tarragó (1925), los libros yacían amontonados en las estancias y no cabían tantos como diariamente aumentaban; así que hubo de destinarse otro sitio. El traslado, “trabajando buen número de personas asiduamente, duró seis meses enteros” (Ribera y Tarragó, 1925, p.107).
al-Hakan II fundaría entonces la Gran Biblioteca de Córdoba en uno de los pabellones reformados del antiguo alcázar de dicha ciudad, nombrando director de esta a Jalid ben Idris, bibliófilo y traductor conocido con el sobrenombre de “el inteligente de al-Andalus” (Torremocha Silva, 2023).
Lubna de Córdoba fue entonces nombrada conservadora de la Gran Biblioteca de Córdoba, ejerciendo también como secretaria personal al-Hakan II. Ella supervisaría la adquisición, copia, traducción, crítica y anotación de manuscritos (Costero Quiroga, 2023; Radio Televisión Española, 2022; Torremocha Silva, 2023).
Junto a Lubna de Córdoba trabajó Fátima de Córdoba, también esclava manumitida en tiempos del califa Abderramán III. Fue copista y encargada de los talleres de copia, traducción y restauración de la Gran Biblioteca de Córdoba. Creó un sistema de catalogación novedoso que registraba todos los libros y facilitaba el conocimiento de sus materias y contenido, así como su ubicación en las diferentes salas, estanterías y baldas. También fue la encargada de supervisar los numerosos talleres y bibliotecas menores fundadas por el califa al-Hakan II (Torremocha Silva, 2023).
Talid al-Qurtubí pasaría a ejercer la función de conservador en la Gran Biblioteca de Córdoba fundada por al-Hakan II. En ella trabajaría bajo la dirección de Jalid ben Idris, junto con Lubna de Córdoba y Fátima de Córdoba. Las funciones de todos estos colaboradores implicaron también la organización y desarrollo de viajes a Oriente para traer a Córdoba los libros adquiridos en ciudades como Damasco, Bagdad, Alejandría, El Cairo, Constantinopla o Basora con la misión de buscar libros para enriquecer y acrecentar dicha colección bibliográfica (Capdevila, 1925; Dozy, 1877; Torremocha Silva, 2023).
Según recoge Dozy (1877), el catálogo de la Gran Biblioteca de Córdoba se componía de cuarenta y cuatro cuadernos, de veinte hojas, según unos, de cincuenta según otros y que contaban algunos escritores que el número de volúmenes subía a cuatrocientos mil. Incluía obras de filosofía, astronomía, medicina, historia, genealogía y poesía. Entre los textos destacados que conformaban la colección se encontraban, por citar algunos de los más significativos, "De materia médica" de Dioscórides o el “Liber de curandi ratione per sanguinis missionen” de Galeno (Torremocha Silva, 2023).
al-Hakan II los habría leído todos y, además, habría anotado la mayor parte (Dozy, 1877), escribiendo al principio o al fin de cada libro, el nombre, el sobrenombre, el nombre patronímico del autor, su familia, su tribu, el año de su nacimiento y de su muerte y las anécdotas que corrían acerca de él.
En la Gran Biblioteca de Córdoba fundada por al-Hakan II trabajaron de continuo los mejores encuadernadores, iluminadores y dibujantes “que adornaban los libros que hábiles copistas escribían para entregarlos después a una junta de sabios espléndidamente pagados que los cotejaban y corregían” (Ribera y Tarragó, 1925, p.107).
Es decir, además de su función como repositorio de conocimiento, la biblioteca contaba con un taller de copistas, miniaturistas y encuadernadores dedicados a la reproducción y restauración de libros (Pavía Fernández, 2014).
Sin embargo, aquella época de esplendor cultural no duró largo tiempo y dio paso a una época de barbarie, expolios y quema de bibliotecas y palacios. Lamentablemente, la Gran Biblioteca de Córdoba tuvo un final trágico cuando Almanzor consintió que los ulemas más radicales expurgaran la biblioteca más preciada de Occidente para ganarse su apoyo y confianza, quemando las obras que se consideraban opuestas a los preceptos ortodoxos del islam (Pimentel, 2016; Ors, 2019; Pavía Fernández, 2014).
Bibliografía
― Castejón Calderón, R. (1980). Así fue Medina Azahara. En Nostalgia y presencia de Medina Azahara: selección de Carlos Clementson (pp. 21-55). Diputación Provincial de Córdoba.
― García Gómez, E. (1967). Anales Palatinos de Califa de Córdoba al-Hakam II, por Isa Ibn Ahmad Al-Razi. Traducción de Emilio García Gómez. Sociedad de Estudios y Publicaciones.
― Dozy, R. (1877). Historia de los musulmanes españoles hasta la conquista de Andalucía por los almorávides 711-1110. Traducida por: F. de Castro. Librería de Victoriano Suárez. Disponible en: https://bdh.bne.es/bnesearch/detalle/bdh0000290926
― Capdevila, A. (1925). La Córdoba que fue. En Caras y caretas (Buenos Aires)10/1/1925, n.º 1.371 [página consultada el 25 de febrero de 2025]. Disponible en: https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=064854aa-97b5-4f32-8e19-a3759749dde3
― Costero Quiroga, S. (2024). Lubna de Córdoba, la erudita andalusí. [página consultada el 8 de marzo de 2025]. Disponible en: https://www.larazon.es/cultura/historia/lubna-cordoba-erudita-andalusi_2024011665a5c078872b820001a532ed.html
― Ors, J. (2019). La biblioteca «hereje» que quemó Almanzor. [página consultada el 8 de marzo de 2025]. https://www.larazon.es/cultura/la-biblioteca-hereje-que-quemo-almanzor-AD24633223/
― Pimentel, M. (2016). La biblioteca de Medina Azahara. https://www.youtube.com/watch?v=2Mkf9MYKPfg&list=PLlcCxTcZmLm7E3SHTdDYG1lXKypXsnUKb&index=3
― Pavía Fernández, J. (2014). Alhaquén II, el califa bibliófilo. [página consultada el 8 de marzo de 2025]. https://www.bne.es/es/blog/blog-bne/alhaquen-ii-el-califa-bibliofilo.
― Radio Televisión Española. (2022). Mujeres ilustres: Lubna de Córdoba, la esclava convertida en escriba [página consultada el 8 de marzo de 2025]. Disponible en: https://www.rtve.es/television/20221208/lubna-cordoba-esclava-convertida-escriba/2411274.shtml
― Ribera y Tarragó, J. (1925). Bibliófilos y bibliotecas en la España musulmana. Imprenta La Comercial. Disponible en: https://helvia.uco.es/handle/10396/8539
― Torremocha Silva, A. (2023). El bibliotecario de Medina Azahara. Almuzara.